viernes, 17 de agosto de 2012

El final de HERNÁN


 En realidad, no es el final de Hernán. Es el final imaginado por Hernán para el cuento de Charlie López. Que lo disfruten!





Hoy puede ser un gran día


            - ¿Puedo contestar la semana que viene? – le dije.

Y me fui a casa. Esa noche no pude pegar un ojo, pensando qué hacer.

Si aceptaba, me exponía todo un año a soportar los mismos sufrimientos y desprecios que había recibido durante los tres meses que duró el reemplazo.

Si rechazaba la oferta, estaba tirando por la borda todas mis ilusiones, mis proyectos, en definitiva la vocación que había en mi.



Pasaba el fin de semana y yo no podía definirme. Por un lado me sentía frustrado, porque la experiencia en el aula me había mostrado una realidad que no esperaba.

Por otro lado, sentía fuertemente que si no aceptaba la propuesta me traicionaría a mi mismo.



Había llegado el lunes. Era el día de la respuesta. Tenía que ir a la escuela a hablar con la directora y darle mi contestación.



Tenía tantos nervios como el primer día que me levanté para ir a hacer el reemplazo, con la diferencia que hoy no me despertaba con el tema de Serrat en la radio. La sensación era otra. No sentía ansiedad por responder, sino desánimo. Pero al mismo tiempo sabía que había llegado el momento de definir mi vocación.

Sabía que con esa decisión  y esa respuesta iba a definir mi destino.



         ¿Qué hago? – Pensaba mientras me afeitaba.



Comencé a cuestionarme seriamente por qué había elegido esta profesión, si ahora no me animaba a desempeñarme en ella. Más aun, me pregunté por qué no me atrevía a afrontar la realidad concreta de un aula.



Seguramente porque la escuela, los alumnos, el profesor que me idealicé pertenecían a un mundo ficticio. Ahora era el momento de saber si la docencia era realmente mi vocación – pensaba tratando de resolver el conflicto que había en mi alma.



Entonces dije para mi mismo – Marcelo basta, terminá con tantas vueltas y decidite de una vez.







Salí rumbo al colegio. Por el camino dos ideas se entremezclaban en mi cabeza:

La imagen de mi padre y sus palabras aquella vez que le dije que quería ser profesor.

-Yo te mandé a Ingles para que hoy o mañana te destacaras como profesional. Para que seas contador o médico, no para enseñar.



Y mi respuesta - ¿Qué tiene de malo enseñar?



Contestó mi Padre ya enfadado - ¿Y a quién?. . . ¿A un montón de pelotudos a los que nos les interesa nada?. . .



Yo con ingenuidad, creía que mi padre hablaba a así porque había sido un infeliz y un resentido toda la vida. Pero ahora me daba cuenta de que tenía razón. Que a los adolescentes no les importaba nada.



La segunda idea, más que una idea era un convencimiento. Y era el mismo sentimiento que había tenido en aquella discusión con mi padre. El deseo de ser distinto de aquellos docentes que eran aburridos y no salían del manual, que eran incapaces de innovar algo para atraer la atención de los jóvenes.



Al ingresar al colegio por el portón principal que da al patio central,  veo al curso, justamente a 4ºA que estaban en clase junto al mástil con la profesora de filosofía. Estaban todos trabajando en grupitos de dos o tres, entre ellos estaba D´Ambrosio. Me detuve un rato largo sin que ellos me vieran a observarlos, increíblemente todos estaban trabajando de maravilla.

Tal vez la clase sería más interesante o bien el hecho original de estar trabajando en el patio les resultaba un placer, en fin. La realidad era que había descubierto, con los mismos alumnos con los que me había frustrado,  una clase como las que había soñado. Pensaba asombrado por lo que estaba viendo.



De repente ingresa la directora por el portón y me ve.



-Marcelo, que tal, disculpá la demora tuve un inconveniente personal- me decía la directora con gran amabilidad.



-No se haga problema Señora.



-         Bueno Marcelo, me imagino que ya lo pensaste – ¿Vas a tomar las horas del año que viene?



-Sí – le dije sin vacilar.     



Sentí un gran alivio al responder positivamente, sentí que permanecía fiel a mi mismo, a mis ideales, a mi proyecto, en definitiva a lo que estaba llamado a ser. 



HERNAN POLITANO



  

    

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