domingo, 12 de agosto de 2012

"Hoy puede ser un gran día..." El Final de MIRIAN

A continuación, el final escrito por Mirian (Prof. Filosofía). ¡Para disfrutarlo! ¡Gracias Mirian!




De camino a casa pensaba en qué debía hacer.

Estaba muy consternado. Pero sabía que era realmente lo que deseaba hacer: enseñar.

Aunque evidentemente, no había sido mi primer trabajo tal como lo imaginé.

De repente recordé que el teacher nos decía continuamente que con la práctica se aprende a ejercer la docencia.

Eso me estimuló un poco, sólo que esperaba que este recuerdo estuviera  siempre presente, cada vez que ingresara a un aula.

Por otro lado, siempre pensé en que la vida sin desafíos perdería algo de encanto, por lo que era necesario que considerara aquél trabajo como uno.

Pensé en mi padre. Te dije-diría- que te quedaras conmigo en el comercio.

Atravesé la puerta de casa. Papá me miró con interrogación.

-Por fin has acabado el reemplazo, ¿verdad? - interrogó-.

-Sí-respondí- Pero me han ofrecido tomar horas para el año próximo.

-¿Has aceptado?-inquirió-

-Tengo que dar la respuesta la semana próxima-respondí un poco aliviado-

-Bueno, espero que tomes una buena decisión. Recuerda que aún está en pie la oferta del comercio. -sentenció, mirándome fijamente-.

-Bien, será algo más que debo pensar-respondí en tono distraído-

Transcurrió el fin de semana que me hizo relajar y aclarar un poco la mente. Ya estaba decidido lo que iba a hacer, la respuesta que iba a dar.

Concluí que muchas veces las condiciones de un trabajo no son las deseadas, pero lo valioso es ejercer el trabajo que uno quiere, para el que dedicó años de estudio.

Era la hora de emprender el camino hacia el colegio en que una persona esperaba saber si contaría conmigo el año venidero.

Atravesé la puerta y para mi sorpresa me encontré con algunos de los chicos que estuvieron en mi clase.

-Hey teacher - dijeron al unísono-

-Hola chicos – respondí- ¿qué hacen por aquí?

-Estábamos dando una vuelta y pasamos a saludar a los profes –respondió una de las chicas-

-Vos, ¿qué estás haciendo? –me inquirió-

- Vengo a responder si estaré el año próximo nuevamente aquí.

- ¡Qué bueno!! ¿Te vas a quedar?

- Sí, por lo menos el año que viene voy a estar, pero ya no con ustedes, con otros grupos.

- Bueno, profe, que te pueda ir mejor que con nosotros. –exclamó uno de ellos antes de despedirse-

Ante esta exclamación, mi mente dio un giro de 180º por dos motivos: primero porque no esperaba encontrarlos fuera del ámbito áulico y segundo que  menos esperaba que me expresaran ese deseo, que noté que era muy sincero.

- Bueno, igualmente podremos seguir viéndonos en los pasillos -respondí con una gran sonrisa-

- Así será – dijo uno de los chicos con firmeza-

Me alejé de ellos en busca de la directora para darle mi confirmación, a la vez que iba recordando en mi mente una estrofa de la canción con la que había despertado el primer día en que debía ir a dar clase:

…Que todo cuanto te rodea

lo han puesto para ti,

No mires desde la ventana

y siéntate al festín…

y me alejé por el pasillo, con la frente en alto, la mirada segura, el paso firme, con la aferrada convicción de comprometerme con algo, de no ver la vida pasar, mi vida y las de los demás, y que enseñar era realmente lo que siempre quise hacer en mi vida y que esta era mi gran oportunidad y sobre todo, mi gran día…